Qué resuelvo
No “arreglo áreas”.
Arreglo el sistema que hace que las áreas fallen.
Hago que tu empresa deje de funcionar por intuición y no dependa de una o dos personas.
Cuando el sistema no está explícito, la empresa funciona por disponibilidad y capacidad de respuesta: quién está, con qué ánimo, y quién tiene el criterio en la cabeza. Por eso se repiten las mismas decisiones —margen, plazos, descuentos, stock, excepciones, cobranzas— y el día se llena de “ya que te tengo acá…” para destrabar lo que debería fluir solo.
Yo entro a resolver eso: convierto criterio artesanal (en la cabeza de 1–2 personas) en gobernabilidad. No para “ordenar papeles”: para que el día a día no explote cuando no estás.
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Todo pasa por vos → aunque haya reglas, el sistema igual “pide permiso”
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Margen y precios sin criterio consistente → descuentos/excepciones con línea roja borrosa
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Cotizaciones que no se transforman en ventas → seguimiento irregular, cierres por accidente o por cansancio
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Caja frágil (plazos, mora, stock caro) → decisiones que parecen buenas hasta que te cuestan plata
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Roles difusos → la responsabilidad se diluye y cada caso vuelve a conversación
Qué ordeno
Lo que ordeno para que el sistema gobierne
01
Comercial con margen protegido
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Reglas claras por tipo de cliente (precio, plazos, descuentos y excepciones)
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Cotizaciones con seguimiento real (no “enviadas y olvidadas”)
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Cierre y cobranza con responsable y próximo paso
03
Stock y compras alineados a capital de trabajo
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Mínimos/máximos y críticos definidos (no intuición)
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Menos faltantes y menos sobrestock inmovilizado
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Reglas de reposición y prioridades cuando hay tensión de caja
02
Operación delegable
(sin depender de “los que saben”)
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Roles sin zonas grises: quién decide qué y hasta dónde
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Estándares de “bien hecho” (calidad replicable)
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Coordinación entre áreas sin microreuniones permanentes
04
Control que devuelve tiempo y control
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Indicadores cortos (los que de verdad te avisan a tiempo)
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Cuellos de botella visibles sin buscar culpables
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Incentivos atados a margen, cobranza y calidad (no solo a facturación)
Resultado: menos consultas, menos excepciones, más velocidad y una empresa que funciona aunque no estés.
Ya tenes procesos?
Procesos hay. Lo que falta es gobernanza y adopción
Un proceso documentado no garantiza que el sistema opere igual cada semana. Para que una empresa sea delegable, se necesitan dos cosas distintas: responsabilidad (quién decide qué) y criterio (cómo se decide: con qué reglas, límites y qué hacer ante X o Y). Cuando el criterio no está explícito —aunque en dirección “parezca clarísimo”— el equipo cae en dos modos: pide permiso para no fallar o actúa con criterio propio y se expone a errores. Ahí aparecen los mismos síntomas: descuentos discutidos, presupuestos inseguros, excepciones interminables, envíos con dudas, reprocesos en producción, demoras en logística y decisiones que vuelven siempre a una persona.
Para que eso no pase, además de asignar responsables, tiene que existir una rutina mínima de control (tablero, cadencia y verificación). Sin esa capa, la operación vuelve a urgencias y permisos, incluso con documentación completa.
Yo cierro esa brecha: convierto procesos en un sistema que gobierna y reduce la dependencia de microdecisiones de conducción. Trabajo en dos niveles: conducción (1:1) y operación (equipo), con implementación práctica de rutinas y estándares.
Un sistema delegable no es “gente más capaz”: es criterio explícito + verificación. Lo demás es seguir dependiendo del clima laboral del día, buena voluntad y desgaste.